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¿Qué es el lacón? Diferencias con el jamón cocido y el jamón serrano

El lacón con grelos es uno de los platos más representativos de la gastronomía gallega y también de la tradición culinaria de El Bierzo, una comarca leonesa donde este producto forma parte de numerosas recetas populares. Sin embargo, fuera del noroeste de España todavía es habitual confundir el lacón con otros productos del cerdo, como el jamón cocido o el jamón serrano. Aunque comparten origen, se elaboran a partir de piezas distintas y siguen procesos de elaboración muy diferentes, lo que se traduce en sabores, aromas, jugosidad y formas de consumo completamente diferentes.

Entonces, ¿qué es exactamente el lacón? ¿En qué se diferencia del jamón cocido? ¿Y del jamón serrano? En este artículo resolvemos estas dudas y te explicamos qué hace único al lacón y por qué el elaborado por Embutidos La Encina destaca por su calidad, su jugosidad y su sabor.

¿Qué es el lacón y qué diferencia al de Embutidos La Encina?

El lacón es un producto cárnico tradicional que se obtiene de la pata delantera del cerdo (la paleta), concretamente del brazuelo. Su nombre procede del latín lacca, que significa precisamente «pata delantera del cerdo», y hace referencia al corte del que procede esta pieza, muy apreciada por su equilibrio entre carne magra y grasa infiltrada.

Sin embargo, no todos los lacones ofrecen la misma calidad. Aunque comparten el mismo origen, el resultado final depende de factores como la raza del cerdo, la selección de la pieza, el proceso de salazón y curación o la experiencia de quienes lo elaboran. Son estos aspectos los que marcan la diferencia entre un lacón correcto y uno capaz de destacar por su sabor, jugosidad y textura.

En Embutidos La Encina comenzamos el proceso seleccionando exclusivamente paletas de cerdos con aproximadamente un 50 % de genética Duroc, una combinación que aporta una infiltración natural de grasa equilibrada. Esta característica aporta una mayor jugosidad y un sabor más intenso, cualidades especialmente apreciadas en un producto como el lacón. Además, la paleta, al contar con una mayor proporción de hueso que la pierna trasera, ofrece una carne con una jugosidad única.

Tras perfilar cuidadosamente cada pieza, comienza la salazón por inmersión, un proceso lento en el que los lacones permanecen aproximadamente una semana absorbiendo la sal de forma uniforme. Después pasan a los secaderos naturales, donde continúan su curación durante varios días. El clima frío y seco de los Ancares Leoneses, donde se encuentra nuestra fábrica, favorece una curación pausada durante la cual la pieza pierde parte de su peso de forma natural. Esta merma concentra los sabores y contribuye a obtener un lacón con un perfil gustativo más intenso y equilibrado.

Uno de los aspectos que realmente diferencia nuestro proceso es la cocción. Mientras que muchos fabricantes deshuesan la pieza antes de cocinarla para simplificar la producción, en La Encina cocemos cada lacón con su hueso durante unas ocho horas a baja temperatura. Solo al finalizar la cocción se deshuesa en caliente, una técnica artesanal que requiere una gran destreza, pero que permite conservar mejor los jugos naturales de la carne y potenciar tanto su textura como su sabor.

Finalmente, las piezas se prensan en moldes para darles su forma característica. Durante el enfriado, el colágeno y la gelatina liberados por la cocción con hueso se integran de forma natural en la carne, aportando una textura firme, melosa y muy jugosa. Para quienes buscan un sabor diferente, también elaboramos un lacón braseado, terminado con humo de leña natural de roble y encina, que añade un delicado toque ahumado sin enmascarar el sabor original del producto.

Diferencias entre el lacón y el jamón cocido

Aunque ambos proceden del cerdo, el lacón y el jamón cocido presentan diferencias importantes tanto en la pieza utilizada como en su proceso de elaboración y en sus características. A simple vista, la carne de lacón tiene la grasa más infiltrada en el músculo y es más jugosa, mientras que la del jamón cocido es una carne más compacta con grasa alrededor.

 

Procedencia de la pieza

Aunque a menudo se confunden, el jamón cocido y el lacón proceden de partes diferentes del cerdo. El jamón cocido se elabora a partir de la pata trasera, una pieza de mayor tamaño y con una proporción distinta de músculo y grasa. El lacón, en cambio, procede de la pata delantera, una pieza con una mayor proporción de hueso. Esta característica influye en el resultado final, ya que contribuye a obtener una carne especialmente jugosa y con un sabor más intenso tras el proceso de salazón y cocción.

Elaboración

En el caso del lacón, lo primero que se hace es una inmersión de la pata de cerdo en salazón, donde permanece en torno a una semana. Luego, la pieza se somete a una curación de entre 15 días o un mes en un secadero o con un proceso de ahumado final, como realizamos en Embutidos La Encina

Entre nuestros productos puedes encontrar el lacón cocido, el lacón braseado y el laconcito braseado; los tres son cocidos a baja temperatura con su hueso para potenciar su sabor y jugosidad, se deshuesan en caliente y a mano y se prensan por el método tradicional para que puedas consumirlos en frío o en caliente. Las piezas braseadas se someten luego a un leve toque de leña natural de roble y encina que les da su sabor diferencial.

En el caso del jamón cocido, la carne se sumerge en salmuera (agua con sal), aunque algunos productores también inyectan esta salmuera en la carne con otros aditivos después del salado. Después, se cuece en agua o vapor, se deshuesa y se prensa en un molde para mantener su forma.

 

Un sabor con mucha personalidad

El sabor es uno de los grandes atributos del lacón y una de las razones por las que ocupa un lugar destacado en la gastronomía tradicional. Su proceso de salazón y curación realza el sabor natural de la carne, dando como resultado un producto intenso, equilibrado y con un agradable punto salino. Lejos de resultar excesivo, este matiz aporta personalidad y hace que cada bocado sea especialmente sabroso.

La infiltración de grasa propia de la pieza también desempeña un papel fundamental, ya que aporta jugosidad y una textura melosa que potencia la experiencia en boca. Además, durante la cocción, el lacón libera sus jugos de forma gradual, impregnando de sabor el resto de ingredientes y adquiriendo, a su vez, los matices de la receta. El resultado es una carne tierna, aromática y llena de sabor, capaz de convertirse en la protagonista tanto de elaboraciones tradicionales como de propuestas más actuales.

Diferencias entre el lacón y el jamón serrano

Aunque el lacón y el jamón serrano comparten su origen porcino y parte de su proceso de elaboración, son dos productos con características muy diferentes. La pieza de la que proceden, el tiempo de curación y el resultado final hacen que cada uno tenga una identidad propia, tanto en sabor como en textura y formas de consumo.

Procedencia de la pieza

La principal diferencia entre el lacón y el jamón serrano está en la parte del cerdo de la que proceden. El lacón se obtiene de la pata delantera, también conocida como paleta o brazuelo, mientras que el jamón serrano se elabora a partir de la pata trasera.

Esta diferencia anatómica influye en las características de cada pieza. La paleta presenta una mayor proporción de grasa infiltrada y hueso, lo que favorece una carne especialmente jugosa y sabrosa. La pata trasera, por su parte, es una pieza de mayor tamaño y con una composición distinta, pensada para soportar largos periodos de curación.

Proceso de elaboración y curación

Aunque ambos productos comienzan con una fase de salazón, su elaboración sigue caminos muy diferentes.

En el caso del lacón, la salazón suele prolongarse entre una y dos semanas y va seguida de una curación corta, de hasta una semana. Posteriormente, el producto se cuece (con o sin un ligero acabado ahumado, según la variedad), lo que permite conservar toda la jugosidad de la carne y obtener una textura tierna y melosa. 

El jamón serrano, en cambio, no se cuece. Tras la salazón, permanece durante meses en secaderos y bodegas, donde madura lentamente hasta completar una curación que puede alcanzar los 24 meses. Durante este tiempo pierde humedad de forma gradual, concentra sus aromas y desarrolla la textura firme y el sabor intenso que lo caracterizan.

Dos sabores con mucha personalidad

El sabor del lacón de Embutidos La Encina es totalmente diferente al del jamón serrano. Se caracteriza por un perfil equilibrado, con un punto salino agradable y un ligero toque ahumado que realza el sabor natural de la carne sin enmascararlo. Gracias a su proceso de elaboración y a su menor tiempo de curación, conserva una textura más jugosa y tierna, lo que hace que cada bocado resulte especialmente meloso.

Por su parte, el jamón serrano presenta un sabor más intenso, maduro y concentrado, fruto de una curación mucho más prolongada. Durante este proceso pierde una mayor cantidad de humedad, lo que potencia sus matices y le aporta una textura más firme y compacta.

Estas diferencias hacen que ambos productos tengan aplicaciones culinarias distintas. El lacón destaca tanto servido caliente como frío, ya que mantiene toda su jugosidad y combina a la perfección con ingredientes como patatas, grelos o verduras. El jamón serrano, en cambio, suele consumirse en finas lonchas, donde su aroma y su sabor concentrado pueden apreciarse en toda su intensidad.

 

El secreto para conseguir un lacón de calidad

En Embutidos La Encina somos especialistas en la elaboración de productos cárnicos y embutidos desde hace 30 años y conocemos el secreto para elaborar un lacón de la máxima calidad. Elegimos la sierra de Los Ancares leoneses, a 1.000 metros de altitud, para instalar nuestra fábrica porque el entorno tiene las condiciones naturales necesarias para elaborar el mejor embutido posible. 

Trabajamos con los mejores proveedores de ganado y damos a cada pieza el tiempo que necesita. Seleccionamos las mejores piezas de cerdo Duroc y perfilamos cada paleta con esmero antes de la inmersión en salazón y la curación. Cocemos cada pieza a baja temperatura con su propio hueso, para conseguir un sabor, una jugosidad y una textura muy difíciles de igualar, y deshuesamos en caliente y a mano, siguiendo un proceso complejo y tradicional en nuestro territorio. Luego prensamos cada pieza para eliminar el aire y obtener su forma característica, que permite un mejor aprovechamiento.

Al enfriar la pieza, el colágeno y gelatina naturales del hueso se solidifican, permitiéndonos obtener una textura que diferencia los lacones de Embutidos La Encina.

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